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	<title>hueyque leufu - Sierra de la Ventana y Villa Ventana</title>
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	<title>hueyque leufu - Sierra de la Ventana y Villa Ventana</title>
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		<title>La Leyenda del Sauce Grande (Sierra de la Ventana)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Sergio Marto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Apr 2020 22:25:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[hueyque leufu]]></category>
		<category><![CDATA[leyenda del sauce grande]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Al principio era sólo la Pampa, el sol, la luna y las sierras hacia el horizonte. Ah! Y nuestro Río Sauce Grande, que en lengua indígena quiere decir Hueyque Leufú. Claro, aunque en aquella época no tenía nombre, porque los&#8230;</p>
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<p>Al principio era sólo la Pampa, el sol, la luna y las sierras hacia el horizonte. Ah! Y nuestro <strong>Río Sauce Grande</strong>, que en lengua indígena quiere decir <strong>Hueyque Leufú</strong>. Claro, aunque en aquella época no tenía nombre, porque los nombres no existían aún, todo era desierto.</p>



<p>Dios, qué es amor, no quiso ser Él sólo con su paisaje y decidió crear la vida. Fue asi que nacieron las primeras plantas y los primeros animales.</p>



<p>Entonces la tierra comenzó a poblarse de enormes bestias, feroces algunas, muy pesadas y lentas otras. Saurios, reptiles, erizos, gliptodontes, milodontes, y muchas especies primitivas fueron los dueños de la Pampa. Musgos, algas y helechos gigantes eran las primeras plantas. Luego vinieron los juncos, las espadañas, hierbas y gramíneas.</p>



<div style="height:46px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1000" height="750" src="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/atardecerdes18-4.jpg" alt="sierras de la ventana
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<p>Pero Dios no estaba conforme aún. Él era la creación y faltaba mucho por hacer.</p>



<p>Era la paz y la libertad y aún no las había creado. Él era el canto, la alegría y el trabajo, y aún no los había creado. Él era la razón y aún no estaba creada.</p>



<p>Un día Dios se detuvo a descansar y a meditar sobre las <strong>Sierras del Pillahuincó</strong> en la actual <strong>Sierra de la Ventana</strong>. </p>



<div style="height:56px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="768" src="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/amanecer-en-las-sierras-de-la-ventana-14-1024x768.jpg" alt="Amanecer sobre el valle del Sauce Grande" class="wp-image-13966" srcset="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/amanecer-en-las-sierras-de-la-ventana-14-1024x768.jpg 1024w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/amanecer-en-las-sierras-de-la-ventana-14-600x450.jpg 600w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/amanecer-en-las-sierras-de-la-ventana-14-768x576.jpg 768w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/amanecer-en-las-sierras-de-la-ventana-14.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Amanecer sobre el valle del Sauce Grande</figcaption></figure>



<p>Fue entonces qué pensó en la libertad, y creó a los pájaros. Pensó en el trabajo y creo a una pareja de horneros. Pensó en el canto y creó una pareja de calandrias. Pensó en la paz y creó una casal de palomas torcazas. Después siguió.</p>



<div style="height:51px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="900" height="493" src="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/hornero-sierradelaventana.jpg" alt="Hornero en Sierra de la Ventana" class="wp-image-13959" srcset="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/hornero-sierradelaventana.jpg 900w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/hornero-sierradelaventana-700x383.jpg 700w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/hornero-sierradelaventana-768x421.jpg 768w" sizes="(max-width: 900px) 100vw, 900px" /><figcaption>Hornero</figcaption></figure>



<p>Ahora había que ponerlos a resguardo de los grandes animales. Entonces formó un tala para que en sus ramas los horneros construyeran las primeras casas, un caldén para que las calandrias se posen a cantar, un chañar para que los las torcazas aniden, pero algo faltaba, aún no estaba conforme.</p>



<p>Dispuso que algún día su obra final sería la criatura hecha a su imagen y semejanza, pero ya llegaría ese tiempo. Antes le quedaban otras por hacer.</p>



<p>Dios pasó toda una noche pensando a orillas de nuestro río en la Comarca, que como ya dijimos no tenía nombre aún. Decidió al final, crear un árbol muy verde, grande y frondoso, con abundantes ramas. En él, anidarían y vivirían libremente todos los pájaros. Su gorjeo sería un canto a la creación.</p>



<p>Ese árbol debía reinar sobre los demás en la <strong>Comarca del Pillahuinco</strong>.</p>



<p>Al amanecer, una hermosa planta apareció en las barrancas del río. Y Dios dijo: “que en su follaje los pájaros celebran la vida, y que bajo su sombra, algún día descanse la razón”.</p>



<p>Y mando el Creador que la savia de sus ramas fueran medicinales, para que los seres que después vendrían, calmaran a sus dolores. (de allí proviene la aspirina).</p>



<p>Y llego entonces el tiempo de la razón, cuando un hombre y una mujer descansaron por primera vez bajo su sombra.</p>



<p>Y después fueron más… Fue el amor, fue la vida y fueron las voces de aquellos primeros hombres y mujeres que llamaron “Sauce” al árbol, y “<strong>Sauce Grande</strong>” a nuestro río en <a href="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/">Sierra de la Ventana</a>.</p>



<p>La creación había terminado, entonces Dios descansó.</p>



<div style="height:55px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<figure class="wp-block-image size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1000" height="750" src="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/varias-112.jpg" alt="Río Sauce Grande en Sierra de la Ventana" class="wp-image-13958" srcset="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/varias-112.jpg 1000w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/varias-112-600x450.jpg 600w, https://www.sierrasdelaventana.com.ar/wp-content/uploads/2020/04/varias-112-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px" /><figcaption>Río Sauce Grande en Sierra de la Ventana</figcaption></figure>
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		<item>
		<title>La Leyenda del Pillahuinco (Sierra de la Ventana)</title>
		<link>https://www.sierrasdelaventana.com.ar/especiales/la-leyenda-del-pillahuinco/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Sergio Marto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Dec 2019 19:54:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Notas Especiales]]></category>
		<category><![CDATA[achiras silvestres]]></category>
		<category><![CDATA[arroyo de las achiras]]></category>
		<category><![CDATA[cacique cañigan]]></category>
		<category><![CDATA[hueyque leufu]]></category>
		<category><![CDATA[leyenda del pillahuinco]]></category>
		<category><![CDATA[pringles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hubo un tiempo primero que toda la Sierra del Pillahuincó, estuvo habitada por innumerables tribus Pampas. Eran los dueños naturales de la tierra. Pillan, el gran Dios de la montaña moraba en las cumbres de las sierras que hoy vemos&#8230;</p>
<p>La entrada <a href="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/especiales/la-leyenda-del-pillahuinco/">La Leyenda del Pillahuinco (Sierra de la Ventana)</a> se publicó primero en <a href="https://www.sierrasdelaventana.com.ar">Sierra de la Ventana</a>.</p>
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<p>Hubo un tiempo primero que toda la <strong>Sierra del Pillahuincó</strong>, estuvo habitada por innumerables tribus Pampas. Eran los dueños naturales de la tierra.</p>



<p><strong>Pillan</strong>, el gran Dios de la montaña moraba en las cumbres de las sierras que hoy vemos al este de <strong>Sierra de la Ventana</strong>. </p>



<p>Regía en su omnipotencia la vida de los pacíficos indios, cuyas tolderías estaban diseminadas a todo lo largo del <strong>Arroyo Pillahuincó</strong> y del <strong>río Hueyque Leufú</strong> (<strong>Río Sauce Grande</strong>).</p>



<p>La tierra, madre de
todas las cosas, se prodigaba en frutos, generosa y fecunda. Las aguas
cristalinas de los arroyos, calmaban la sed de los Pampas y les proporcionaban
peces para su alimentación.</p>



<p>Los valles, con sus antiguos
sauces, ofrecían reparo y protección frente a las inclemencias del tiempo.</p>



<p>Cuentan las viejas
historias, de los viejos abuelos, que así pasaron siglos donde todo era armonía.</p>



<p>Pero una noche, en que
el sol se puso rojo y amenazador tras los cerros, llegaron los conquistadores
con sus rayos de fuego y su furia.</p>



<p>No eran dioses blancos,
eran los nuevos amos de la tierra; eran un futuro de muerte que avanzaba
implacable, como una nube negra sobre el desierto.</p>



<p>Las misteriosas armas
de los guerreros sembraron el horror de las Sierras. El espanto se había apoderado
de los indios que trataban de huir cruzando la pampa, o escalando las sierras.
Pero todo fue inútil. Uno a uno fueron cayendo, ellos, sus mujeres, y sus hijos.</p>



<p>La tribu del <strong>Cacique Cañigan</strong>, habitaba más o menos donde ahora se levanta la ciudad de <strong><a href="https://www.sierrasdelaventana.com.ar/localidades/coronel-pringles/">Príngles</a></strong>. Sus hombres se apostaron en la vera del arroyo, y decidieron ofrendar sus vidas a la tierra, oponiendo toda su resistencia, antes que emprender la huida.</p>



<p>Los fusiles de los invasores, hicieron sentir rápidamente su superioridad. Rodeada ya la tribu, el <strong>cacique Cañigan</strong> fue atado, como escarmiento, al tronco de un viejo sauce que mojaba sus raíces en el agua.</p>



<p>Ante sus ojos, llenos
de dolor e impotencia, fueron fusilados todos los hombres y mujeres de su tribu.
Por fin, un disparo puso terminó la vida de cacique, último baluarte de la raza
pampa de esta tierra.</p>



<p>La sangre del jefe indio y de su gente, cayó a las aguas del <strong>Pillahuinco</strong>, que esa noche espejaron tan sólo una luna roja. La corriente regó las riberas con esta savia humana, y se llevó hacia el inmenso mar, los poderes del gran Dios de la montaña.</p>



<p>Cuando el nuevo día doro con su luz la región, los conquistadores blancos comprobaron atónitos que los cuerpos de <strong>Cañigan</strong> y de su tribu, habían desaparecido mágicamente. Nada quedaba de ellos. En su lugar habían crecido unas plantas acuáticas de hojas grandes y muy verdes, con bellísimas flores arracimadas blancas y amarillas, nunca vistas.</p>



<p>Estaban diseminadas a todo lo largo del arroyo. Eran los indios transformados ahora en <strong>achiras silvestres</strong>, prendidos para siempre a la tierra, por fidelidad a su legado.</p>



<p>Desde entonces, todas las primaveras crecen estas plantas, radiantes de belleza, a orillas del <strong>Pillahuincó</strong>, cuyo significado es precisamente <strong>“Arroyo de las Achiras”</strong>.</p>



<p>Y cuentan también la viejas historias, que los viejos abuelos sabían sentenciar:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p> «Viajero, cuando cruces el <strong>Pillahuinco</strong>, detente un momento frente a las achiras, y deja un pensamiento o una oración, cualquiera sea, en memoria de los que fueron».&nbsp;   </p></blockquote>
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