Pueblos y Parajes

Pelicurá

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Pelicurá es una pequeña localidad rural del distrito de Tornquist, ubicada en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, cuya historia está estrechamente vinculada con el campo, el ferrocarril y las familias que durante generaciones fueron dando forma a esta comunidad. Alejada de los grandes centros urbanos y rodeada por el paisaje característico de la región, Pelicurá conserva en sus calles, sus instituciones y sus antiguas construcciones las huellas de una época en la que el ferrocarril constituía uno de los principales motores del desarrollo de las poblaciones del interior bonaerense.

El origen de la localidad se encuentra íntimamente relacionado con la llegada del ferrocarril. El 8 de octubre de 1906 quedó habilitada la estación Pelicurá, incorporada al ramal que vinculaba Nueva Roma con Catriló y que atravesaba una extensa región productiva del sudoeste bonaerense. La llegada del tren significó un cambio profundo para el territorio: permitió establecer una conexión regular con otras localidades, facilitó el traslado de pasajeros y de la producción agropecuaria y favoreció la aparición de nuevos asentamientos alrededor de las estaciones. En ese contexto comenzó a consolidarse Pelicurá, que con el paso de los años adquiriría las características propias de una comunidad rural.

El nombre Pelicurá es anterior a la formación de la localidad y está asociado al arroyo que atraviesa la zona. Su origen suele relacionarse con las lenguas de los pueblos originarios que habitaron estas tierras y tradicionalmente se lo ha interpretado como una expresión vinculada con la piedra y el barro. Como ocurrió con muchos otros topónimos de la región, el nombre del curso de agua terminó identificando también al territorio y posteriormente a la estación ferroviaria y al pueblo.

Durante las primeras décadas del siglo XX, Pelicurá experimentó un proceso de crecimiento asociado principalmente a la actividad agropecuaria. Las tierras circundantes comenzaron a integrarse cada vez más a los circuitos productivos y el ferrocarril desempeñó un papel fundamental en el transporte de cereales, hacienda y otros productos provenientes de los establecimientos rurales. El tren no solamente trasladaba cargas: también transportaba personas, noticias, correspondencia y mercaderías, convirtiendo a la estación en uno de los principales puntos de referencia para los habitantes de la zona.

Alrededor de ese movimiento comenzó a desarrollarse una comunidad en la que tuvieron un papel destacado los almacenes de ramos generales, las instituciones educativas, los espacios deportivos y las organizaciones sociales. Los almacenes eran mucho más que comercios. En pequeñas poblaciones rurales constituían lugares de abastecimiento, encuentro y comunicación, donde los vecinos podían realizar compras, recibir correspondencia, enterarse de las novedades de la región y establecer relaciones comerciales vinculadas con la producción del campo. En Pelicurá, distintos comercios cumplieron durante décadas esa función y formaron parte inseparable de la vida cotidiana.

La educación también ocupó desde temprano un lugar central. Una de las instituciones que permanece estrechamente ligada a la memoria de la localidad es la Escuela Primaria Nº 131, creada en 1916, cuando Pelicurá todavía se encontraba en una etapa relativamente temprana de su desarrollo. El establecimiento funcionó inicialmente en un antiguo edificio de adobe levantado sobre terrenos donados por León Euillades y Monjeau. Allí comenzó su actividad con alrededor de cuarenta alumnos y tuvo como primera docente a María Elena Barbas. Aquel edificio, que con el tiempo quedó en ruinas, constituye sin embargo una de las huellas materiales de los primeros tiempos de la educación en Pelicurá.

La actividad educativa continuó posteriormente a través de otras instituciones y, entre ellas, la Escuela Primaria Nº 9 “San Francisco del Monte”, que se transformó en uno de los principales puntos de referencia de la comunidad. Como ocurre en numerosas localidades rurales, la escuela no representa solamente un espacio destinado a la enseñanza: también constituye un lugar de encuentro y un elemento fundamental para la permanencia de las familias en el territorio.

Otro de los espacios fundamentales de la historia local es el Club Atlético Pelicurense, fundado en 1923. El surgimiento de esta institución debe entenderse dentro de una tradición muy arraigada en los pueblos del interior bonaerense, donde los clubes deportivos fueron adquiriendo una función que trascendía ampliamente la práctica del fútbol. Allí se desarrollaban encuentros sociales, actividades comunitarias y celebraciones que contribuían a fortalecer los vínculos entre los habitantes. Para varias generaciones de vecinos, el Pelicurense se convirtió en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad local.

La historia de Pelicurá también está formada por los apellidos de las familias que fueron poblando y trabajando estas tierras. Entre ellos aparecen nombres como Malcotti, Gessi, Scalfi y Gianotti, vinculados a distintas actividades y establecimientos de la zona. Detrás de cada uno de esos apellidos se encuentran historias de inmigrantes, productores, comerciantes, trabajadores rurales y familias que construyeron su vida en un territorio donde el trabajo agropecuario marcaba el ritmo de las estaciones.

La antigua Avenida de los Pioneros constituye precisamente un reconocimiento a quienes participaron de aquellos primeros tiempos. La denominación resume una parte importante de la historia de Pelicurá: la de hombres y mujeres que llegaron a un territorio todavía en proceso de transformación y que contribuyeron, desde diferentes actividades, a consolidar una comunidad alrededor de la estación ferroviaria.

Durante buena parte del siglo XX, el ferrocarril fue el eje que conectó a Pelicurá con el resto de la región. La estación tuvo servicios destinados al transporte de pasajeros y cargas y fue utilizada para movilizar la producción de los establecimientos rurales. La actividad ferroviaria generaba además un movimiento cotidiano que beneficiaba a comercios, instituciones y familias. En aquellos años, el sonido de una locomotora llegando a la estación formaba parte del paisaje habitual de la localidad.

Pero, como ocurrió con numerosos pueblos ferroviarios de la provincia de Buenos Aires, la progresiva pérdida de importancia del ferrocarril produjo profundas transformaciones. La reducción de los servicios y posteriormente la desaparición del transporte ferroviario de pasajeros modificaron la dinámica de Pelicurá. El transporte automotor pasó a ocupar el lugar que anteriormente había tenido el tren y las poblaciones que habían crecido alrededor de las estaciones comenzaron a experimentar procesos de reducción demográfica y pérdida de actividad comercial.

Pelicurá no fue ajena a ese proceso. Sin embargo, la desaparición de parte de la actividad que había caracterizado sus primeras décadas no significó la desaparición de su identidad. La localidad continuó vinculada al sector agropecuario y mantuvo sus instituciones, sus relaciones comunitarias y una memoria colectiva particularmente fuerte.

El paisaje que rodea Pelicurá también forma parte de esa identidad. Los campos, caminos rurales, arroyos y establecimientos productivos conforman un escenario que permite comprender por qué el desarrollo de la localidad estuvo históricamente ligado a las actividades del campo. La región atravesó, como buena parte del sudoeste bonaerense, diferentes períodos de expansión y dificultades asociados a las condiciones climáticas, especialmente a los ciclos de sequía y a las variaciones en las precipitaciones, que tuvieron consecuencias directas sobre la producción agropecuaria y la vida de las familias rurales.

En este contexto, las instituciones adquirieron un valor todavía mayor. La escuela, el club, los espacios públicos y las celebraciones comunitarias permitieron conservar vínculos que el cambio económico y la disminución de la población podrían haber debilitado. En diferentes oportunidades, Pelicurá fue escenario de actos y encuentros que reunieron a vecinos, instituciones y autoridades, demostrando que la vida de una pequeña localidad no depende únicamente de su cantidad de habitantes, sino también de la capacidad de su comunidad para mantener sus tradiciones.

Entre los espacios que permiten reconstruir ese pasado se encuentran la antigua estación ferroviaria, las edificaciones vinculadas a los primeros años del pueblo, la escuela, el Club Atlético Pelicurense y la Plaza del Centenario. Cada uno de estos lugares representa una parte diferente de la historia local y, juntos, permiten comprender la evolución de Pelicurá desde aquel pequeño asentamiento rural que comenzó a consolidarse a comienzos del siglo XX hasta la localidad que conocemos actualmente.

El 8 de octubre de 1906, cuando quedó habilitada su estación ferroviaria, comenzó una etapa decisiva para la historia de Pelicurá. Este año, 2026, se cumplen 120 años de aquel acontecimiento que marcó el nacimiento de la localidad como núcleo organizado alrededor del ferrocarril. Más de un siglo después, las vías y la estación ya no cumplen la función que tuvieron durante décadas, pero permanecen como testimonio de una época en la que el tren era sinónimo de comunicación, desarrollo y progreso.

Recorrer la historia de Pelicurá permite, en definitiva, acercarse también a la historia de muchos otros pueblos rurales de la provincia de Buenos Aires. Es la historia de comunidades que crecieron al ritmo del ferrocarril y de la producción agropecuaria, que recibieron inmigrantes y nuevas familias, que levantaron escuelas, clubes y comercios y que posteriormente debieron adaptarse a los cambios producidos por la desaparición del sistema ferroviario y la transformación de las actividades económicas.

Hoy Pelicurá conserva esa historia en su paisaje y, fundamentalmente, en la memoria de sus habitantes y de quienes mantienen algún vínculo con el lugar. Sus calles, la antigua estación, las instituciones educativas, el club, los nombres de sus pioneros y las historias familiares permiten reconstruir un pasado que todavía permanece presente. En medio de la extensa geografía rural del distrito de Tornquist, Pelicurá constituye así uno de esos pequeños pueblos bonaerenses cuya importancia no puede medirse solamente por su tamaño, sino por la historia que logró construir y conservar a lo largo de más de un siglo.

 

 

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