Hablar de Ricardo de Bari Tornquist, es hablar de paisaje. Su mensaje de nobles objetivos ponía empeño en combatir ideas, jamás imponer ideas, mucho menos personas.
Tenía una gran bondad, mayor sencillez y una enorme simpleza y creó, como el mismo decía la sencillez de los grandes. Entendía que el paisaje lo podía comprender cualquier persona. Desde la percepción de ese entorno, que nos rodea, cada uno puede opinar sobre paisaje.
Definía el paisaje, como la percepción del entorno, por lo tanto es necesario tener algún grado de sensibilidad para opinar y una mayor sensibilidad para intervenir en el mismo. Definía con mucha claridad quién tenía talento o “pasta” de paisajista.
Como todo paisajista era un extremo observador. Su actividad siempre estaba en el propio paisaje. No era un burócrata o político, era un hacedor. Una que recuerdo, que pronunciaba siempre de María Caturla, que me impactó mucho es: “las palabras mueven, los ejemplos arrastran”.
Lo recuerdo como un amigo, o más bien como un guía. Su pluma era tan ágil como su inteligencia, su conversación era amena. Desde distintas redacciones en diarios de Bahía Blanca como de Buenos Aires, tenía siempre una respuesta a problemas de alta complejidad, en paisajismo, era una autoridad en el tema.

Recuerdo un título como “una bofetada al paisaje” en una pésima intervención cuando aprobaron la instalación de un silo al lado del cementerio de Tornquist, o sus trabajos en Cataratas del Iguazú, integrando una comisión interdisciplinaria de destacados profesionales, o sus opiniones sobre la reserva ecológica de la Costanera en capital, o en las autopistas, o en las torres de alta tensión de Sierra de la Ventana, o en la defensa en el Parque Provincial Ernesto Tornquist, y así muchos temas más.

Siempre me decía, que el arquitecto paisajista es como un director de orquesta, quizás, no sabe tocar todos los instrumentos, pero sí saben qué momento interviene cada uno.
Un brillante mensaje es el que dejó para la audiencia pública en Saldungaray, donde manifestó hacia la participación humana en la naturaleza: “primum non crescere”– primero no dañar – , jamás el desarrollo debe significar un daño al medio.
Y finalmente en otra frases decía: “Tiene que quedar bien claro que el paisaje es sensorial primero viene la percepción después viene la emoción y mucho después lo reflexivo. Es decir que el intelecto, la inteligencia y el razonamiento es muy posterior a la emoción. Aquí es donde se plantea querer llevar al cerebro lo que es inherente al corazón, a las emociones”.
Como conclusión, de esta nota, quiero decir que su sensibilidad, crecía, siempre hacia la belleza, en realidad la belleza espiritual. Hoy estará en un espíritu de luz, esa dimensión que hace pequeño el hombre y sólo lo puede alcanzar a entender la belleza del alma.
Ponerse delante de un paisaje, es dónde estás en este momento, exactamente lo que estás percibiendo, bien, ahora no lo mires, sólo siéntelo, deja que penetre tu mensaje, después analízalo. Primero el corazón después la razón.
Palabras del Arq. Horacio Miglierina.
Nacimiento, estudios y muerte
Había nacido en Buenos Aires en 1914. Graduado de arquitecto en la UBA, en 1940 viajó a los EE.UU., donde se especializó en paisajismo y obtuvo un máster en la Universidad de Cornell. Luego se perfeccionó junto al maestro Frank Lloyd Wright, en Wisconsin.
Hacía suyas preocupaciones de vecinos de Tornquist y de Sierra de la Ventana, donde dedicó sus últimos 20 años a hacer un jardín del cerro Mamin, en su estancia. Dijo entonces: «Los paisajistas no estamos en contra del progreso; queremos que haya armonía entre las maravillas de la naturaleza y las obras creadas por el hombre».
Con el fallecimiento a sus 82 años, el día 11 de abril de 1999, del arquitecto paisajista Ricardo de Bary Tornquist, la región serrana perdió uno de sus más fervientes defensores en materia ambiental.
Su última batalla: el electroducto sobre la Comarca
Su pelea final lo encontró ya enfermo, pero no menos decidido a sostenerla con las fuerzas que le quedaban.
Se relacionaba con la situación creada por el electroducto que se quiso hacer atravesar por dentro del valle del Sauce Grande en el paisaje serrano.
La última noticia que tuvo fue que el problema se había salvado, cuando se resolvió mover el recorrido por detrás del cordón Pillahuinco. Cuando lo supo dijo: «Todo se da bien. Ahora me puedo ir tranquilo».
«Hay gente así,tan necesaria»…
Tuve el honor de pasar unos días, hace mas de cuarenta años, en la estancia de Ricardo de Bary Tornquist, además de ser un gran anfitrión tenia la sencillez y la sabiduría como norte. Muy lindos recuerdos de aquella estadía.-
Qué lindos recuerdos tengo de la familia torquinst
Hermoso leer esta nota. Mis abuelos paternos trabajaron para la familia Torquinst y De Bary Torquinst. Mi abuela, jovencísima, Leontine Lacôme, había viajado de Francia como nana de los niños de Doña Ernestina Torquinst Altgel y conoció a quien sería su esposo, Don Ferruccio Fantinel, mientras éste servía de chofer. Esto era al principio del siglo XX. Conmueve ver como uno de esos chiquitines de quien ella hablaba con tanta ternura y cálidos recuerdos, ha dejado su marca haciendo historia.
Gracias por tan linda nota wn recuerdo del legado de mi papá. Cordiales saludos.
Muchas gracias Sonia! la historia de tu papa, y el legado que nos dejó en valores del cuidado del paisaje de nuestras sierras, no puede quedar en el desconocimiento ni mucho menos en el olvido. Saludos! Sergio Marto (Director Sierrasdelaventana.com.ar)