Hay pueblos cuyo aliento no se mide únicamente por el paso de sus estaciones o la belleza inmutable de sus cerros, sino por la profundidad de las huellas que guardan sus habitantes. En las almas de Sierra de la Ventana y Villa Arcadia late un pasado vibrante, impregnado del sudor de pioneros, risas olvidadas, objetos sencillos que cobijaron vidas enteras y reliquias trazadas a fuego en el corazón del valle del Sauce Grande. Sin embargo, la historia de los pueblos es frágil si no existe un regazo sagrado donde protegerla del olvido.
Fue precisamente ese amor entrañable por la identidad local lo que encendió la chispa para fundar un templo de recuerdos: el Museo Histórico de Sierra de la Ventana. Lo que debió ser un faro eterno de orgullo comunitario se convirtió, tras años de desvelos y utopías desinteresadas, en una desgarradora herida abierta por la indiferencia, la miopía burocrática y el cálculo político de sucesivas administraciones. Esta es la crónica dolida y minuciosa de un sueño colectivo tejido con las manos de vecinos comprometidos y sistemáticamente destrozado por la desidia oficial, un relato imperioso que hoy nos interpela e invoca a la reflexión de lo que nunca debimos permitir perder.
Todo comenzó cuando una llama de devoción por el patrimonio histórico impulsó a Silvia Marcolini y su familia, junto a varios vecinos y amigos del pueblo, a reunirse formalmente con el firme objetivo de rescatar la memoria viva del territorio. Aquella reunión, celebrada y documentada, acta mediante el 20 de febrero de 2003, dio nacimiento al Museo, consagrándolo institucionalmente con la legalización de su Personería Jurídica bajo la matrícula 26610 el 10 de octubre de 2003. La primera comisión directiva quedó conformada por hombres y mujeres comprometidos: Carlos Mandirola en la presidencia, Marcos Galeano como vicepresidente, Silvia Marcolini en la secretaría e Isidro Taborda como tesorero, acompañados por un ferviente grupo integrado entre otros por vocales y revisores de cuentas. Su ubicación inicial se estableció en la antigua Hostería Anay Ruca de Villa Arcadia, ubicada estratégicamente en la esquina de las calles Punta Alta y Rayces de dicha localidad.





El reconocimiento oficial y el aval institucional no tardaron en manifestarse, otorgando esperanzas renovadas a los fundadores: el 27 de octubre de 2003, el Municipio de Coronel Suárez reconoció oficialmente al Museo Histórico de Sierra de la Ventana como Entidad de Bien Público N° 106. Poco tiempo después, el 26 de abril de 2004, el Municipio de Tornquist lo declaró formalmente de Interés Municipal por su invaluable aporte al patrimonio histórico y cultural de la comunidad. En las acogedoras salas de Anay Ruca se atesoraban y exhibían piezas de un valor sentimental incalculable: entre ellas se destacaba la peluquería de la familia Weinbender, que era lo que más llamaba la atención a los visitantes; el Proyector de Cine de la familia Grancetti, utilizado en antaño para proyectar y ver películas en el histórico «Casuhati», y diversas piezas originarias del Ex Club Hotel.



La institución se financiaba de manera autónoma con la venta de las entradas, sumado a la realización de diversos eventos que se desarrollaban en el establecimiento, tales como talleres artísticos para niños y adultos, muestras permanentes e itinerantes, conferencias y demás encuentros culturales. De esta manera, se solventaban los gastos del alquiler del edificio, los honorarios de su directora Stella Maris Rodríguez, y demás gastos de servicios públicos. Durante toda esta etapa, el Museo nunca recibió financiamiento de ninguno de los dos municipios, salvo una única oportunidad en la que el Municipio de Suárez envió personal y pintura para acondicionar el interior del inmueble.
Pese a tanta entrega, la asfixia económica sobrevino inclemente. A principios de 2006 el Museo ya se encontraba en una situación sumamente crítica debido a que los miembros no podían sostener económicamente su continuidad, enfrentando la imposibilidad de seguir pagando el alquiler de la propiedad que constituía su espacio físico en la intersección de calles Punta Alta y Rayces de Villa Arcadia. Esto, sumado al inevitable desgaste humano de los miembros de la comisión en su intento por seguir adelante con el museo ante tantas dificultades, terminó por obligar al cierre del lugar. Esta apremiante realidad motivó a su comisión directiva a contactarse con miembros de la recientemente creada institución denominada «Concejo de Representantes para el Desarrollo Turístico de la Comarca Serrana», con el profundo interés de que ellos se hicieran cargo de la situación y buscaran alternativas viables para darle continuidad, asumiendo la responsabilidad de su recuperación.
Fue así que en enero de 2006 la comisión del Museo fue absorbida por el Concejo de Representantes, conformándose una nueva comisión integrada por Sergio Marto (presidente), Diego Barrios (vicepresidente), Teresa Contreras como secretaria, Analía Roth como tesorera, Horacio Granci, José Kees, Leandra Laviano y Silvia Marcolini como revisores de cuenta, y Jorge Simon, Mariela Laviano, Norma Peloso y Carlos Mandirola en calidad de vocales. De inmediato se planificó una agenda de trabajo con una visión superadora: ya no se buscaría alquilar otro sitio, sino encarar la construcción propia y definitiva del edificio del Museo. Marto, propuso utilizar las tierras del ferrocarril ubicadas junto a la capilla, por tratarse de terrenos pertenecientes al ONABE y por poseer una ubicación altamente estratégica en el camino hacia el dique, donde el proyecto incluso podría complementarse incorporando una oficina de informes turísticos y baños públicos, de los cuales carecía en ese entonces Villa Arcadia. Con esa meta en mente, Marto inició de forma directa las gestiones telefónicas correspondientes (desde la Delegación de Arcadia) ante las autoridades de Ferrosur.





En abril de 2006, Diego Barrios y Sergio Marto concretaron una reunión decisiva en el Municipio de Coronel Suárez el propio Intendente Ricardo Moccero, con Gustavo Moccero (director de Cultura), Ernesto Moccero (secretario de Gobierno) y Jorge Segui (director de Turismo), con el objeto de proyectar formalmente la recuperación y construcción del Museo. En dicha reunión se expuso a las autoridades la gestión ya iniciada con las autoridades de Ferrosur Roca para la obtención del comodato de uso gratuito de las tierras lindantes a la Capilla de Lourdes, permitiendo disponer de un terreno de 4.600 m² donde iniciar la obra, requiriendo que el Municipio oficializara la firma del contrato (adjunto documento en galería). Asimismo, se planteó que los materiales de construcción serían provistos desde el Consejo de Representantes a través de la donación de importantes firmas comerciales de la región. En ese mismo encuentro, el entonces director de Cultura, Gustavo Moccero, se comprometió a aportar la mano de obra para su edificación, la cual estaba estimada en alrededor de $70.000.
Tan anhelado objetivo se vería enriquecido, una vez concretado, con salas para muestras itinerantes, muestras fotográficas permanentes ya acordadas y un salón destinado a expresiones culturales. En su diseño inicial contaría con 3 salas: una histórica, otra arqueológica y la tercera fotográfica; dispondría además de baños, cocina y un depósito. Paralelamente, se iniciaron gestiones para la recuperación y puesta en exhibición de parte de los hallazgos arqueológicos realizados en nuestras serranías y que habían sido trasladados a otros Museos Nacionales, gestiones que también ya se encontraban avanzadas. Por su parte, el equipamiento interno y mobiliario del museo se estimó en alrededor de $50.000, los cuales serían provistos por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Los planos arquitectónicos de la obra fueron generosamente realizados y donados por la arquitecta Nora Copi, una contribución técnica valuada en unos $15.000.





Respecto a los materiales de construcción, se buscaron diversas fuentes de recursos, apelando en especial a donaciones solidarias de la comunidad e incluso de un corralón de materiales local que había prometido donarlos, aunque nunca cumplió con dicha promesa. Esa misma empresa sería la que tiempo después terminaría envuelta en una causa penal, siendo condenada por fraude reiterado en perjuicio de la Municipalidad de Tornquist junto al entonces intendente Buschi (de Tornquist). Hacia fines de noviembre de 2006, la valuación total para la construcción del ansiado Museo alcanzaba los $490.000.
Mientras se avanzaba con las gestiones para dotar a la institución de un espacio físico definitivo, el 12 de mayo de 2006 se dejó formalmente en custodia de Silvia Marcolini (secretaria) y Sergio Marto (presidente) el resguardo de los elementos del museo, los cuales fueron alojados temporalmente en el chalet de Ymcapolis. Con el ineludible pasar del tiempo y la falta de concreción de la sede, las piezas fueron volviendo gradualmente a manos de sus originales propietarios. El 30 de mayo de 2006 se logró un hito trascendental al firmarse entre Ferrosur Roca (representado por Gustavo Romera y Mario Casaco) y el Municipio de Suárez (representado por el intendente Ricardo Moccero) el contrato de comodato de uso gratuito de las tierras. De este modo, el predio destinado al museo de Sierra de la Ventana dispondría formalmente de 46 metros de frente por 100 metros de profundidad, conforme al croquis diseñado. Otro detalle relevante de este hecho histórico referente al uso público de tierras ferroviarias propuesto por Marto en favor de la comunidad es que, poco tiempo después, fue “descubierta” la oportunidad por las autoridades del Municipio de Tornquist para hacerse del predio lindante a la estación de tren e iniciar exactamente la misma gestión, lo que derivaría en lo que hoy representa su Centro Cultural y Oficina de Turismo.


Buscando imprimirle la identidad serrana a la fachada del futuro edificio, el 18 de octubre de 2006, Sergio Marto y Diego Barrios realizaron una solicitud formal por escrito dirigida al Jefe de Operaciones de Ferrosur Roca, pidiendo la donación a la institución de 300 durmientes recuperados de quebracho (estimados en $6.000), con el propósito de destinarlos al revestimiento de la fachada en la futura obra de construcción del Museo. En aquellos tiempos, Ferrosur se encontraba realizando tareas de reemplazo de los durmientes del ramal en la zona, lo que había generado una gran cantidad de rezago de durmientes apilados en la estación de Saldungaray; así fue que surgió la idea junto a la solicitud de comodato de las tierras de incluir este pedido. Si bien la donación fue efectivamente aprobada por Ferrosur, nunca se pudo disponer de la ayuda municipal de un camión y de personal para realizar el traslado físico de los durmientes desde Saldungaray.
Poco a poco, el fervor popular comenzó a chocar contra el muro impenetrable de la política burocrática, y el desdén a Arcadia. Desde Suarez y luego de esa reunión en abril de 2006 con sus autoridades, la comisión no recibiría ni un solo llamado dando continuidad o predisposición a lo acordado en ella. Las promesas escritas y orales de las autoridades de ambos municipios y de ciertos sectores privados se diluyeron en discursos vacíos, hundiendo a la comisión en un desgaste moral insostenible. Sergio Marto recuerda: «Jorge Nederman, integrante de la comisión, creó y donó un hermoso atril de acero y vidrio para exhibir los planos y avances del proyecto, junto a las necesidades restantes, en distintos comercios del pueblo (se rotaba entre distintos supermercados). Cuando nos cansamos de buscar ayuda y esperar concreciones de las autoridades, ese atril ya se había vuelto un problema donde dejarlo, entonces resolvimos enviarlo a la Dirección de Cultura en Suárez. Pocos meses después, en tiempos en que ya ejercía como secretaria de Turismo de Suárez la señora Susana Dossantos, vuelve a aparecer el atril en Arcadia, en un acto político de inauguración del predio del museo, donde hoy existe solo una placita, y una especie de monumento y placa fundacional a la promesa nunca cumplida. Lo más lamentable de ese evento fue ver, que no habían invitado a ninguno de los miembros de la comisión pro museo que gestiono justamente todo lo referente a ello, y que el atril se exhibía allí con todo el material informativo y planos arquitectónicos, pero habiendo reemplazado el logo de la comisión por el logo del Municipio, deleznable…»



La puñalada definitiva al proyecto no vino de la falta de fe de la gente, sino del desparpajo con que la política partidaria se desentendió de la cultura local. Las respuestas oficiales recibidas de ambos distritos fueron tan tajantes como hirientes. Por el lado de Coronel Suárez se dictaminó: «No vamos a acompañar porque el museo es de Sierra de la Ventana, que se ocupe Tornquist». Por parte del Municipio de Tornquist la excusa fue en espejo: «No vamos a acompañar porque el museo está en Arcadia, entonces le corresponde a Suárez». Así, atrapado en una trampa jurisdiccional ridícula e indolente, el proyecto fue abandonado a su suerte.

A pesar del letargo oficial, la tenacidad de Silvia Marcolini rehusó apagarse. Con el pasar de los años, Silvia continuó batallando incansablemente al frente de nuevas comisiones directivas, manteniendo activa la personería jurídica y realizando diversas gestiones mediante el envío de notas a distintas autoridades municipales (como a Gustavo Trankels en 2011 y a Ricardo Moccero), e incluso al propio gobernador Daniel Scioli en febrero de 2015, sin obtener respuesta alguna. Salvo una ocasión en la que ella recuerda: «Sergio Bordoni nos prometió que nos daría espacio (la mitad) en el viejo galpón del ferrocarril donde hoy funciona el Centro Cultura, pero esa promesa que delegaría en sus funcionarios, nunca se cumpliría», recordando además haber sufrido malos tratos por parte de un par de ellos, muy reconocidos en la comunidad local. En el año 2013, los integrantes del museo hicieron uso de la “Banca 13”, del Honorable Concejo Deliberante de Tornquist, sin obtener ningún resultado favorable. Posteriormente, con la efímera iniciativa municipal del Programa «Presupuesto Participativo», la comisión del museo participó activamente en el año 2017, pero una vez más no se consiguieron resultados que propiciaran el acompañamiento oficial a tan loable causa por el acervo histórico de ambas localidades.






¿Qué fue entonces, del patrimonio reunido con tanto amor por los vecinos? Ante la imposibilidad de brindarles un techo digno y protegido, las piezas exhibidas e inventariadas fueron volviendo paulatinamente a manos de sus dueños originales o sus familias. Un trágico paralelismo con lo sucedido con las piezas del Fortín Pavón, en Saldungaray en los tiempos de Chichita Torelli (otra gran luchadora): reliquias históricas que debieron retornar al resguardo privado, lejos de la mirada educadora del público, aguardando pacientemente en el calor de hogares sensibles hasta que algún día emerjan hombres y mujeres públicos con la grandeza de darles el lugar de honor que nunca se les debió negar.
Y así finalmente, el sueño de recuperar y construir el Museo Histórico de Sierra de la Ventana se vio truncado, allí donde sobraron las promesas y ambiciones de funcionarios y privados a pesar de los esfuerzos desinteresados de un puñado de ventanenses por el resguardo de la identidad histórica de ambas localidades. Pero la memoria no se destruye con promesas incumplidas, monumentos de piedra a la nada misma, ni placas de cemento vacías.
Este doloroso recorrido todo documentado debe encender en nuestra conciencia colectiva la llama del compromiso y el desagravio: no permitamos que la historia de nuestras comunidades siga siendo rehén del olvido. Que el sacrificio de aquellos pioneros nos inspire a levantarnos nuevamente, a reclamar lo que nos pertenece y a refundar, con valentía y unidad comunitaria, el espacio donde el acervo histórico de nuestro pueblo vuelva a brillar para las generaciones venideras.

Sergio Marto
Director del Portal de Turismo y Cultura
info@sierrasdelaventana.com.ar
www.sierrasdelaventana.com.ar
Alojamientos
RECUERDA. La región cuenta con una variada oferta de alojamiento (índice de alojamientos verificados aquí), que se adapta a cada gusto y presupuesto: desde acogedoras cabañas y cómodos hoteles hasta opciones de camping para una conexión más profunda con el entorno. Y para deleitar tu paladar, la gastronomía regional te sorprenderá con sabores auténticos que complementarán tu experiencia.




