Hay historias que permanecen silenciosas durante décadas. No porque carezcan de importancia, sino porque el paso del tiempo las va dejando escondidas entre viejos documentos, fotografías amarillentas o recuerdos de quienes ya no están. Sin embargo, son precisamente esas historias las que terminan dando identidad a un pueblo. Recuperarlas no significa solamente mirar hacia atrás; significa comprender quiénes fuimos para saber quiénes queremos seguir siendo.

Con esa premisa fue presentado recientemente un proyecto de ordenanza que propone designar con el nombre de «Dique San Eduardo» al tradicional dique y pasarela peatonal que une Sierra de la Ventana con Villa Arcadia. Más que la imposición de un nuevo nombre, la iniciativa busca rescatar una denominación que, en realidad, nació hace más de sesenta años y que, por distintas circunstancias, nunca llegó a plasmarse físicamente en el lugar.

La historia comienza el 30 de abril de 1964. Ese día, la entonces Comisión Pro Puente de Sierra de la Ventana enviaba una carta a la señora Gertrudis B. V. de Ayerza agradeciendo una generosa donación de cien mil pesos destinada a la construcción de un puente sumergible que uniría las entonces Villa San Bernardo (hoy Sierra de la Ventana) con Villa La Arcadia, para facilitar el acceso a los feligreses los domingos a la Capilla de Lourdes.

Pero aquel documento iba mucho más allá de un simple agradecimiento. Allí mismo la comisión dejaba expresamente establecido que esa obra llevaría el nombre de «Puente San Eduardo», en memoria y homenaje a Don Eduardo Ayerza (difunto), destacando sus virtudes cristianas y el profundo reconocimiento que la comunidad sentía hacia él. Se trató de una decisión institucional tomada hace más de seis décadas, que forma parte del patrimonio histórico local y que hoy vuelve a cobrar vigencia. La histórica carta constituye el principal sustento documental de la iniciativa.

El proyecto actualmente presentado, no pretende inventar una nueva denominación ni modificar arbitrariamente la historia. Todo lo contrario. Busca recuperar una decisión ya adoptada por quienes impulsaron aquella obra comunitaria y trasladarla al sitio que hoy representa ese mismo espíritu de integración. Porque el actual dique no es solamente un paso peatonal. Es uno de los lugares más emblemáticos de la comarca. Miles de vecinos y turistas lo recorren cada año sin saber que allí existió una historia de solidaridad y compromiso colectivo que permitió unir dos localidades. Allí confluyen Sierra de la Ventana y Villa Arcadia. Allí también se encuentran los partidos de Tornquist y Coronel Suárez. Es literalmente, un puente entre comunidades.

Y quizás allí radique el mayor valor simbólico de este homenaje. En tiempos donde muchas veces predominan las diferencias, rescatar la figura de alguien cuyo legado estuvo ligado a construir un puente, adquiere un significado mucho más profundo. Don Eduardo Ayerza no es recordado únicamente por una importante donación económica. Es recordado por haber contribuido a unir personas, a acercar comunidades, a facilitar el encuentro, en definitiva, a tender puentes donde antes había barreras.

Precisamente buscando que la iniciativa naciera del consenso y no de una decisión unilateral, su autor, el concejal Sergio Marto, remitió durante el mes de abril una nota formal impresa al presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Sierra de la Ventana, Villa Arcadia y Saldungaray (CAMCOTISAS), invitando a la institución a participar del análisis del proyecto, y si así lo consideraban oportuno, expresar formalmente su posición institucional respecto de la propuesta. En esa comunicación se explicaba claramente que el objetivo era recuperar una denominación histórica ya existente y construir el mayor consenso posible en torno a una iniciativa vinculada al patrimonio cultural de la comunidad. Hasta la fecha, esa nota no recibió respuesta por parte de la institución. Un dato que genera ciertos interrogantes, pero que simplemente forma parte del proceso y que no modifica el espíritu abierto con el que fue impulsada la propuesta, pensada precisamente para incorporar miradas y generar participación.

Sergio Marto, impulsor del proyecto, actualmente no ocupa una banca en el Honorable Concejo Deliberante de Tornquist, y en consecuencia no percibe dieta ni remuneración alguna como concejal. Un concejal solo cobra su dieta cuando ocupa la banca. Sin embargo, continúa trabajando en propuestas relacionadas con la historia, la identidad y el patrimonio del distrito, entendiendo que el compromiso con la comunidad no necesariamente depende de estar ejerciendo un cargo o percibiendo un sueldo.

Mientras tanto, la iniciativa comienza a sumar acompañamientos. Desde la Delegación Municipal de Villa Arcadia ya se ha manifestado extraoficialmente una mirada favorable hacia la propuesta y la voluntad de colaborar, llegado el momento, con la colocación de la referencia histórica en ambas márgenes del dique, reforzando así el carácter integrador que representa este sitio para ambas localidades.

Rescate histórico: Dique San Eduardo en Sierra de la Ventana
Foto gentileza Flia. Alesandrini

A ese respaldo institucional se suma también el de numerosos vecinos. Una publicación realizada por el propio autor en redes sociales, donde dio a conocer el contenido del proyecto, generó una inmediata repercusión positiva. Los comentarios y manifestaciones de apoyo dejaron entrever que la comunidad recibió con agrado una iniciativa que no genera divisiones, sino que rescata un episodio prácticamente desconocido de la historia local y pone en valor a quienes hicieron posible el crecimiento de la región.

Quizás allí resida la verdadera importancia de este proyecto. Más allá del nombre de un dique o de un cartel conmemorativo, lo que se propone recuperar es una parte de la memoria colectiva de Sierra de la Ventana y Villa Arcadia. Recordar que hubo personas que entendieron que el progreso se construye uniendo, colaborando y pensando en el bien común. Que hubo vecinos que imaginaron un puente para conectar pueblos, familias y comunidades. Y que ese espíritu merece seguir presente, no solo en los archivos, sino también en uno de los lugares más representativos de la comarca.

Porque la historia no siempre está escrita únicamente en los libros. A veces también vive en un puente, en un paisaje o en un nombre que espera, después de más de sesenta años, encontrar finalmente el lugar que la propia comunidad decidió darle.

Andrea Couto
Portal de Turismo y Cultura
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