Ubicado en Villa Ventana, a pocos kilómetros del centro de la localidad y en un sitio privilegiado por las sierras, el Museo Histórico Sendero de los Recuerdos, una institución privada y de carácter familiar, reúne objetos, fotografías, documentos, mobiliario y testimonios que permiten reconstruir buena parte de la historia de Villa Ventana, con una atención especial puesta en uno de los capítulos más fascinantes y dolorosos del patrimonio regional: el desaparecido esplendor del Club Hotel de la Ventana.
El museo fue inaugurado oficialmente el 25 de julio de 2002, coincidiendo con el aniversario de Villa Ventana, aunque su historia comenzó varios años antes. En 1994, Mercedes Willich y Salvador Salerno comenzaron a reunir objetos relacionados con la historia local para una exposición que formó parte de los festejos por el aniversario de la localidad. Aquella experiencia fue, en definitiva, la semilla del museo que años más tarde se convertiría en uno de los espacios históricos más particulares de la Comarca.


La ubicación contribuye de manera decisiva a la experiencia. El museo se encuentra sobre el final de la calle Las Piedras, en el establecimiento conocido como El Páramo, en uno de los bordes más serranos de Villa Ventana. Para llegar hay que dejar atrás buena parte del tejido urbano y acompañar el curso del arroyo Las Piedras, internándose progresivamente en un paisaje dominado por el cordón serrano. El lugar, además del museo, posee un mirador natural y una ermita dedicada a San Cayetano, de manera que la visita no termina al abandonar las salas: el propio entorno forma parte de la propuesta.
La idea que sustenta al Sendero de los Recuerdos puede resumirse en una frase pronunciada por Mercedes Willich y recogida en una antigua entrevista: mostrar que este lugar privilegiado por la naturaleza también posee una rica historia. Esa definición resulta particularmente apropiada porque el museo no pretende contar únicamente la historia de un edificio famoso, sino explicar cómo se fue formando el territorio, quiénes lo habitaron, cómo se desarrolló el turismo, quiénes fueron sus primeros pobladores y de qué manera aquellos acontecimientos terminaron dando forma a la Villa Ventana que conocemos hoy.
El recorrido está organizado en tres salas. La primera, denominada “Generalidades de la Comarca”, presenta una mirada amplia sobre el territorio: la formación de las Sierras de la Ventana, la geografía, la hidrografía, el clima, la flora, la fauna, los primeros habitantes y distintos aspectos relacionados con la formación del Partido de Tornquist y de sus localidades. No se trata, por lo tanto, de un museo limitado a la historia humana reciente. La propuesta comienza mucho antes, incorporando la dimensión natural y arqueológica de la región.


En esa primera sala también pueden encontrarse materiales vinculados con el patrimonio arqueológico y natural de Ventania. Investigaciones académicas que relevaron específicamente el museo señalan la presencia de materiales arqueológicos indígenas prehispánicos y de objetos vinculados con las sociedades que habitaron la zona durante los momentos de contacto intercultural. También se registraron rocas y ejemplares de fauna regional conservados, además de “cueros” de yarará y otros elementos relacionados con el ambiente serrano. El museo, de esta manera, propone una mirada que va desde la geología y la naturaleza hasta las sociedades humanas que ocuparon este territorio mucho antes de la llegada del ferrocarril y del turismo de lujo.
Entre los materiales arqueológicos relevados aparecen piezas procedentes del área regional y referencias al sitio arqueológico La Toma, además de artefactos líticos. Las investigaciones realizadas sobre los espacios de exposición señalan también la presencia de mapas, líneas de tiempo y paneles que buscan ubicar históricamente a las sociedades originarias y contextualizar el poblamiento de la región. Esto convierte al museo en algo más amplio que un museo de “antigüedades”: también funciona como un espacio de interpretación del territorio y de sus diferentes etapas de ocupación humana.
La segunda sala es, probablemente, la que más impacto produce en quienes llegan por primera vez. Está dedicada íntegramente al Club Hotel de la Ventana, aquel extraordinario emprendimiento que comenzó a construirse en 1904 y que abrió sus puertas el 11 de noviembre de 1911, convertido en uno de los establecimientos hoteleros más sofisticados de la Argentina de comienzos del siglo XX. El complejo contó con más de un centenar de habitaciones, decenas de baños, biblioteca, salas de juegos y conferencias, confitería, casino, canchas de golf y tenis y otros espacios destinados a una clientela que llegaba atraída por la fama de las sierras y por un concepto de turismo que para entonces resultaba extraordinariamente moderno.




El Club Hotel marcó además un antes y un después en la historia turística de la región. El ferrocarril fue fundamental para su desarrollo y unía el establecimiento con la estación de Sierra de la Ventana. El hotel llegó a recibir una fastuosa inauguración con alrededor de 1.200 a 1.300 invitados, según distintas fuentes contemporáneas y posteriores. Pero aquel esplendor fue efímero. La prohibición de los juegos de azar en 1917 afectó directamente a uno de sus principales atractivos y el establecimiento terminó cerrando definitivamente en 1920. Posteriormente atravesó diferentes etapas y destinos, un progresivo abandono y saqueo y, finalmente, el devastador incendio ocurrido en julio de 1983, que dejó al edificio convertido en las ruinas que hoy conocemos.
Es justamente allí donde aparece el valor extraordinario del trabajo de Mercedes Willich. Porque mientras las paredes del Club Hotel fueron desapareciendo, buena parte de los objetos que permitían imaginar cómo había sido aquel mundo también se dispersaron. Algunos terminaron en casas particulares, otros en estancias, dependencias oficiales o depósitos. Otros directamente desaparecieron. Recuperarlos se convirtió para Mercedes en un verdadero trabajo de investigación y búsqueda. La propia revista Lugares de LA NACION describió esa tarea como la de una especie de “detective” que rastrea objetos hasta conseguir recuperarlos.
La colección reunida en el museo permite comprender hasta qué punto ese trabajo fue paciente. Entre las piezas recuperadas del Club Hotel se encuentran mobiliario, espejos biselados, sillones reclinables tapizados con la pana roja original, palanganas de noche, salivaderas, vajilla y distintos elementos vinculados con la vida cotidiana del establecimiento. También se conserva loza de cafetería con las iniciales “CHSV”, correspondientes al Club Hotel Sierra de la Ventana. Son objetos aparentemente sencillos, pero justamente por eso resultan tan poderosos: no muestran solamente la arquitectura del edificio, sino cómo se vivía dentro de él.
Hay además una pala inglesa que Mercedes identifica particularmente entre sus piezas favoritas. Su importancia no está dada por su espectacularidad sino por aquello que representa: una herramienta vinculada a los propios comienzos de la construcción del hotel, que conserva su mango de madera de una sola pieza a pesar del paso de más de un siglo. Para Mercedes, esa pala remite a los primeros momentos de la gigantesca obra que transformaría para siempre la historia turística de la región.
Los muebles, por su parte, demuestran otro aspecto fundamental del proceso de conservación. Muchas de las piezas fueron encontradas en malas condiciones y no podían simplemente ser colocadas en una vitrina. Los sillones y otros muebles fueron sometidos a una restauración especializada realizada por Hugo Martorana. Es una precisión importante: el valor del museo no reside solamente en haber “juntado cosas antiguas”, sino en haber procurado devolver a determinados objetos la posibilidad de ser conservados y exhibidos. La recuperación de patrimonio implicó entonces búsqueda, adquisición, donación, documentación y, cuando fue necesario, restauración profesional.
A esa colección se suma otra pieza verdaderamente conmovedora: la lápida de un marino alemán perteneciente a la tripulación del acorazado Admiral Graf Spee. El vínculo entre el viejo hotel y aquellos marinos constituye uno de los capítulos más singulares de la historia del lugar. Después del hundimiento del Graf Spee frente al Río de la Plata, cientos de sus tripulantes fueron internados en distintos puntos del país y unos 350 terminaron alojados en el ex Club Hotel, donde permanecieron durante varios años bajo custodia argentina.


El museo conserva numerosos elementos relacionados con aquella etapa: valijas, fotografías, una máquina fotográfica, botones de los uniformes y otros recuerdos que ayudan a reconstruir la vida cotidiana de aquellos hombres en las sierras. Uno de ellos, Otto Gerhard Ludwig, incluso construyó un pequeño barco utilizando madera procedente de una antigua victrola y otros materiales, y posteriormente se lo regaló a Ramón Salerno. Esa pequeña embarcación terminó convirtiéndose en una de las piezas más entrañables del museo y, de alguna manera, resume su espíritu: un objeto nacido de una circunstancia personal, vinculado con un acontecimiento internacional, que terminó formando parte de la memoria familiar y local.
La historia de la lápida resulta todavía más extraordinaria. Dos vecinos la habían recuperado de los escombros del cementerio de Saldungaray y la llevaron al museo para su preservación. Años más tarde apareció otro fragmento de la historia: una placa recordatoria que había quedado bajo guarda de la Asociación de Turismo Comunitario de Saldungaray, ATUCOS. Al visitar el museo, una de sus integrantes reconoció que aquella placa era parte de la misma historia y decidió entregarla en guarda a Mercedes para que ambas piezas volvieran a reunirse.
La lápida tiene además un detalle que podría pasar inadvertido. En ella aparece una Cruz de Malta y, bajo determinadas condiciones de iluminación, puede descubrirse una fecha grabada en el interior del símbolo: el 13 de diciembre de 1939, correspondiente a la batalla del Río de la Plata. De esta forma, una piedra recuperada de un cementerio no solamente conserva un nombre o una inscripción funeraria: contiene una referencia material directa a uno de los episodios de la Segunda Guerra Mundial que, de manera inesperada, terminó teniendo su propio capítulo en las sierras bonaerenses.




Mercedes también conserva y transmite historias de personas vinculadas con aquellos acontecimientos. El caso de Martin Waldemar Tille, por ejemplo, muestra hasta qué punto la presencia de los marinos alemanes terminó integrándose a la vida local. Tille llegó a casarse en Saldungaray con una mujer de la zona y, finalizada la guerra, regresó a Alemania antes de volver a la Argentina, donde finalmente reconstruyó su vida junto a su familia. La colección del museo permite que esos nombres, que de otro modo podrían haber quedado reducidos a una nota al pie de la historia del Graf Spee, vuelvan a tener rostro y relato.
El tercer espacio del museo abandona el protagonismo casi exclusivo del Club Hotel para volver la mirada sobre Villa Ventana. Allí aparecen las primeras familias, las instituciones que fueron surgiendo, los acontecimientos comunitarios y las fiestas tradicionales. La intención es unir la historia del gran establecimiento turístico con la historia de quienes terminaron construyendo la vida cotidiana de la localidad.
Y esa dimensión comunitaria quizás sea uno de los rasgos más importantes del Sendero de los Recuerdos. No todo lo que allí se conserva proviene de una colección adquirida de una sola vez. Buena parte de los objetos llegó mediante donaciones, préstamos, aportes de vecinos y búsquedas realizadas durante años. En una oportunidad, por ejemplo, una visitante reconoció en una vitrina un juego de café del Club Hotel y contó que ella tenía en su casa la azucarera correspondiente. Mercedes intentó convencerla de que la incorporara al museo, pero la mujer prefirió conservarla para sí. La anécdota demuestra algo que ocurre permanentemente con este tipo de patrimonio: todavía pueden existir, dispersos en domicilios particulares, establecimientos rurales o depósitos, fragmentos del antiguo hotel cuyo vínculo histórico quizá todavía no fue identificado.




La tarea de Mercedes, entonces, no se limita a custodiar una colección. También consiste en escuchar, preguntar, documentar, relacionar nombres y objetos, reconstruir procedencias y hacer que cada pieza vuelva a insertarse dentro de una historia. En ese sentido puede entenderse perfectamente aquella expresión utilizada por LA NACION al referirse a ella como una “restauradora de la memoria”. Es una labor en la que se cruzan la investigación histórica, la conservación patrimonial, la docencia y la transmisión oral.
Ese último aspecto resulta especialmente evidente durante las visitas guiadas. Mercedes fue docente y mantiene esa impronta pedagógica en la manera de presentar el museo. Los paneles, fotografías, cartulinas, documentos y objetos forman parte de un relato que ella completa con explicaciones y anécdotas. La investigación académica que estudió el museo señala precisamente el fuerte protagonismo de los recursos gráficos, con fotografías, mapas, ilustraciones y esquemas provenientes de diferentes fuentes.
Esa vocación educativa no es un detalle menor. Desde sus primeros años, el museo ha recibido también a establecimientos educativos del distrito de Tornquist con visitas guiadas gratuitas y ha colaborado con estudiantes en trabajos vinculados con las temáticas que conserva. Así, objetos que podrían parecer simples curiosidades antiguas se transforman en herramientas para comprender procesos mucho mayores: la ocupación del territorio, la llegada del ferrocarril, el nacimiento del turismo, las transformaciones sociales, la inmigración, las guerras mundiales, la formación de Villa Ventana y el deterioro del patrimonio histórico.
En noviembre de 2022, el Sendero de los Recuerdos incorporó la denominada “Sala 40” del Museo del Turismo, una iniciativa internacional que reúne espacios dedicados a distintas historias del turismo en diferentes lugares del mundo. Mercedes quedó a cargo de esa sala, cuyo contenido comienza justamente con el Club Hotel de la Ventana como punto de partida del turismo organizado en la región y continúa con Ernesto Tornquist, los referentes locales, la organización municipal del turismo desde 1987 y el Parque Provincial Ernesto Tornquist.
Hay algo particularmente simbólico en que todo esto ocurra al final de la calle Las Piedras, allí donde Villa Ventana comienza a transformarse en paisaje serrano. El visitante no llega al museo por casualidad: primero atraviesa el pueblo, sus calles arboladas, el entorno de los arroyos y finalmente un camino que conduce hacia el cordón de Ventania. El destino es un pequeño espacio privado, familiar y profundamente ligado al lugar. Esa llegada ayuda a comprender que el museo no está separado del paisaje, sino que forma parte de él. La montaña, el arroyo, la historia de los pobladores y las antiguas ruinas del hotel constituyen distintas piezas de una misma identidad.
El reconocimiento institucional también llegó poco después de su apertura. El Museo Histórico Sendero de los Recuerdos fue declarado de Interés Municipal por el Concejo Deliberante de Tornquist mediante la Resolución Nº 21/02, aprobada el 16 de octubre de 2002. La Provincia de Buenos Aires lo incorporó además a su base de patrimonio cultural, reconociendo expresamente su objetivo de rescatar parte del patrimonio cultural de Villa Ventana y del distrito de Tornquist.
Quizás el mayor mérito del Sendero de los Recuerdos sea que permite observar el Club Hotel desde una perspectiva diferente. Las ruinas actuales impresionan por sus dimensiones y por lo que evocan, pero son apenas el esqueleto de aquello que alguna vez existió. En el museo, en cambio, un espejo, una pala, una taza, una salivadera, un sillón, una fotografía, un botón militar, una valija o una pequeña embarcación permiten reconstruir escenas que las paredes ya no pueden contar. El patrimonio deja de ser únicamente arquitectura y pasa a ser también experiencia humana.
Y allí reside buena parte de la importancia de la tarea de Mercedes Willich. Cuando un edificio desaparece, recuperar sus objetos no significa simplemente reunir antigüedades. Significa recuperar fragmentos de una identidad. Cada pieza puede ser una pista, un testimonio, una puerta hacia otra historia. La pala remite a la construcción; la vajilla, a las mesas del hotel; los sillones, al mundo de aquellos huéspedes; las fotografías y botones, a los marinos del Graf Spee; la lápida, a quienes no regresaron; las piezas arqueológicas, a un pasado mucho más antiguo; y las fotografías de los pioneros, a la comunidad que finalmente terminó haciendo de este rincón de las sierras una localidad con identidad propia.


Por eso, recorrer el Museo Sendero de los Recuerdos no es simplemente visitar un museo pequeño ubicado en un rincón pintoresco de Villa Ventana. Es, en buena medida, entrar en una memoria construida pieza por pieza durante décadas. Una memoria que sobrevivió al incendio, al abandono, al saqueo y a la dispersión de los objetos. Una memoria que todavía puede encontrarse en una vitrina, en una fotografía, en una historia familiar o en la voz de Mercedes cuando comienza a contar quién fue cada persona y qué representa cada objeto.
Mientras las ruinas del ex Club Hotel continúan esperando una solución definitiva para su conservación, el Sendero de los Recuerdos cumple, desde hace más de veinte años, una función silenciosa pero enorme: conservar aquello que sí pudo salvarse. Y hacerlo no solamente para mirar hacia atrás, sino para que las nuevas generaciones puedan comprender por qué estas sierras, estas localidades y este paisaje tienen una historia que merece ser conocida, preservada y, sobre todo, recordada.

Sergio Marto
Director del Portal de Turismo y Cultura
info@sierrasdelaventana.com.ar
www.sierrasdelaventana.com.ar
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