Hay lugares de Sierra de la Ventana que forman parte del paisaje cotidiano hasta tal punto que terminamos acostumbrándonos a verlos sin preguntarnos qué historia esconden. Las llamadas “Casitas Chinas” son uno de esos casos. Para muchos vecinos y visitantes son simplemente unas construcciones extrañas, de aspecto oriental, abandonadas desde hace décadas en las inmediaciones del ex Hotel Provincial.
Algunos recuerdan haberlas visto habitadas; otros las conocieron ya en estado de deterioro. Y no faltan quienes todavía se preguntan qué fueron realmente, quién las construyó y por qué un conjunto tan singular terminó convertido en una suerte de ruina silenciosa.
Las “Casitas Chinas” fueron parte de un ambicioso emprendimiento turístico e inmobiliario de la década de 1970, impulsado por los arquitectos Horacio Eduardo Inveraldi y Mabel Gloria Ruibal, cuyo proyecto quedó abruptamente interrumpido por una tragedia familiar. Con posterioridad, el terreno quedó incorporado al denominado “Parque del Hotel Provincial Sierra de la Ventana” y pasó a formar parte del patrimonio provincial.
La historia comienza en la segunda mitad de los años setenta, cuando Sierra de la Ventana atravesaba una etapa en la que el desarrollo turístico aparecía como una de las grandes posibilidades económicas de la comarca. El matrimonio formado por Horacio Eduardo Inveraldi y Mabel Gloria Ruibal compartía precisamente esa visión. Ambos consideraban que el potencial turístico de la región serrana era enorme y que existían posibilidades concretas de desarrollar nuevos emprendimientos destinados a los visitantes. En 1976 comenzaron a materializar ese proyecto, que originalmente fue concebido como un desarrollo turístico e inmobiliario para una localidad que por entonces tenía una escala muchísimo menor que la actual.

Lejos de tratarse de unas pocas viviendas aisladas, el proyecto contemplaba la construcción de 25 casas. Cuando la obra fue interrumpida por la tragedia, nueve unidades estaban en distintos grados de avance y entre tres y cuatro se encontraban prácticamente terminadas, al punto de que ya estaban próximas a ser amuebladas. La empresa que ejecutaba la obra era de “Conedu Sociedad Anónima, Constructora, Inmobiliaria, Comercial, Financiera y Agropecuaria”.
La denominación “Casitas Chinas” no era el nombre formal de aquel proyecto original. Se trata, más bien, del nombre popular con el que las construcciones fueron quedando identificadas por los habitantes de Sierra de la Ventana a causa de su particular arquitectura. Décadas más tarde, una vecina recordó que en la época en que estaban habitadas solían llamarlas simplemente “pagodas”, mientras que otros testimonios destacan la particularidad de sus formas repetidas y de las pequeñas estructuras superiores que funcionan visualmente como miradores. La arquitectura constituye, justamente, uno de los aspectos más interesantes del emprendimiento.
Y detrás de esas formas había un arquitecto con una trayectoria mucho más amplia de la que probablemente conocen la mayoría de los vecinos. Horacio Eduardo Inveraldi no era un profesional improvisado ni un constructor ocasional.
Ese antecedente ayuda a entender mejor la naturaleza de las construcciones de Sierra de la Ventana. No fueron simples cabañas levantadas improvisadamente para aprovechar una moda turística, sino parte de una concepción arquitectónica pensada para combinar vivienda, paisaje y atractivo turístico. La idea de aprovechar las visuales hacia las sierras resulta especialmente significativa en un proyecto desarrollado en una localidad cuyo principal capital turístico ya entonces era precisamente el paisaje.
Pero el proyecto tenía un punto débil decisivo: dependía directamente de sus impulsores. Horacio Inveraldi y Mabel Ruibal no eran solamente los arquitectos, eran también los inversores y quienes llevaban adelante el proyecto. Y el 7 de agosto de 1978 ocurrió la tragedia que cambió para siempre la historia de las construcciones. Mientras viajaban con su familia hacia Sierra de la Ventana, con el propósito de controlar el avance de las obras, sufrieron un accidente automovilístico en el que ambos fallecieron. Tenían, de ese modo, un proyecto todavía en desarrollo y sin sus principales impulsores para continuarlo.
A partir de ese momento, las obras quedaron paralizadas. No apareció quien asumiera de manera efectiva la continuidad del emprendimiento y aquel complejo que había comenzado con la intención de convertirse en una importante propuesta turístico-inmobiliaria quedó inconcluso. La tragedia personal de los dos arquitectos terminó teniendo consecuencias sobre un espacio que, por sus características y dimensiones, podía haber adquirido un papel muy diferente dentro de la evolución turística de Sierra de la Ventana. La estimación de 25 viviendas previstas permite imaginar hasta qué punto se trataba de una obra de escala considerable para la época.
La historia, sin embargo, no terminó simplemente con el abandono de la construcción. La documentación oficial de la Provincia de Buenos Aires permite reconstruir otro capítulo que durante mucho tiempo permaneció prácticamente fuera del relato popular. El 8 de junio de 1979, mediante el Decreto 9348, el gobierno provincial declaró de utilidad pública y sujetos a expropiación varios inmuebles ubicados frente al Hotel Provincial de Sierra de la Ventana. La nómina de titulares incluía expresamente a “Conedu Sociedad Anónima”, junto a otros propietarios. Y el destino que se estableció para esos terrenos fue concreto: “Parque del Hotel Provincial de Sierra de la Ventana”.
Este documento oficial permite además corregir una fecha que se ha repetido erróneamente en algunas reconstrucciones periodísticas locales, donde señalaban que el gobierno militar expropió el terreno en 1981; sin embargo, la documentación provincial muestra que el proceso jurídico comenzó formalmente con la declaración de utilidad pública y sujeción a expropiación de 1979, mientras que la normativa posterior identifica el Decreto-Ley Nº 9.647/80 como instrumento mediante el cual quedó efectivamente expropiado el denominado “Parque del Hotel Provincial Sierra de la Ventana”. Por lo tanto, la secuencia documental permite situar la transformación del terreno entre 1979 y 1980, y no en 1981 como se ha difundido en algunas versiones.
La documentación oficial posterior también confirma la importancia que se otorgó a ese terreno dentro del conjunto turístico. En el pliego de explotación aprobado décadas después, la Provincia describe al Parque del Hotel Provincial como un predio de 13.185,55 metros cuadrados ubicado frente al Hotel, concebido para posibilitar la vista panorámica de las montañas de Ventania desde el establecimiento. El mismo documento recuerda expresamente que el parque había sido expropiado mediante el Decreto-Ley 9.647/80. Más adelante, la Ley provincial 13.889, sancionada en 2008, volvió a incluir tanto el Hotel Provincial como el Parque del Hotel Provincial dentro de los bienes del dominio provincial sujetos a concesión para su restauración, explotación y preservación.



De esta manera, las construcciones quedaron atrapadas en una situación particularmente paradójica: habían nacido como un proyecto privado ligado al turismo y a la arquitectura residencial, pero el terreno terminó incorporado a un espacio de carácter público provincial vinculado al ex Hotel Provincial. Con el transcurso de los años, las edificaciones dejaron de funcionar como emprendimiento inmobiliario y pasaron a convertirse en una presencia casi fantasmal dentro del paisaje urbano. El abandono progresivo hizo el resto: malezas, deterioro, falta de mantenimiento y el paso de las décadas fueron borrando las huellas de lo que originalmente había sido proyectado como un conjunto turístico moderno y novedoso.
En 2008 las casitas volverían a tener, curiosamente, una nueva vida frente a las cámaras. La película argentina “El Frasco”, dirigida por Alberto Lecchi y protagonizada por Darío Grandinetti y Leticia Brédice, utilizó distintos lugares de la comarca como escenarios, entre ellos las propias construcciones del antiguo proyecto. Así entonces, las “Casitas Chinas” quedaron inmortalizadas en una de las escenas del filme, convirtiéndose así en parte accidental de la memoria cinematográfica de Sierra de la Ventana. La película fue estrenada en 2008 y obtuvo la Espiga de Plata y el Premio del Público en la Semana Internacional de Cine de Valladolid.
Es un detalle casi poético: un proyecto arquitectónico nacido con vocación turística volvió a ser utilizado décadas después como escenografía de una película que encontró precisamente en el paisaje de la comarca uno de sus escenarios. Las construcciones que no pudieron cumplir el destino para el que fueron creadas terminaron, paradójicamente, ayudando a contar otra historia.
Mientras tanto, la falta de mantenimiento y la situación dominial del terreno continuaron generando episodios y discusiones. En enero de 2023, por ejemplo, la Policía de Sierra de la Ventana debió intervenir a raíz de la ocupación de algunas de las construcciones. El jefe de la dependencia, Franco Ragni, explicó entonces que se trataba de un predio que en ese momento era considerado propiedad privada vinculada al ex Hotel Provincial y que algunas personas se habían instalado allí en condiciones muy precarias.
La historia dio otro paso más en 2025, cuando el lugar despertó el interés académico de José Manuel Witon, licenciado en Desarrollo Local y estudiante de la Licenciatura en Turismo de la Universidad Maimónides. Witon eligió las “Casitas Chinas” como objeto de una tesina orientada a diseñar una propuesta de planificación interpretativa y puesta en valor. Según explicó públicamente, su investigación se desarrolló durante aproximadamente un año y se apoyó, entre otros elementos, en testimonios orales, incluido el de Claudio Ribolzi, familiar de los fundadores. Su conclusión parte de una idea central: el conjunto constituye un ejemplo de patrimonio moderno local todavía no declarado oficialmente como patrimonio, pero con un fuerte valor arquitectónico, histórico, emocional y turístico.
La propuesta académica resulta especialmente interesante porque no pretende simplemente “arreglar las ruinas”, sino reinterpretarlas. Witon propone que el lugar pueda contar su propia historia mediante señalización, paneles, códigos QR, audioguías y hasta experiencias futuras de realidad aumentada que permitan al visitante visualizar cómo podría haber sido el conjunto original. La idea es convertir aquello que hoy parece una obra inconclusa y abandonada en un espacio de memoria, capaz de explicar quiénes fueron Inveraldi y Ruibal, qué soñaron construir y por qué aquellas casas quedaron detenidas en el tiempo.
Hoy, cuando un visitante pasa frente al lugar y observa esas siluetas de techos singulares, quizás sea difícil imaginar que allí alguna vez se proyectó un conjunto de 25 viviendas. También resulta difícil pensar que quienes las diseñaron imaginaron a Sierra de la Ventana como un destino con un futuro turístico tan importante que justificaba una obra de semejante escala. Pero esa es precisamente la fuerza de la historia: las “Casitas Chinas” no son simplemente restos de una obra inconclusa. Son la evidencia material de una idea de futuro que existió, que fue llevada a la realidad durante algunos años y que quedó definitivamente congelada el 7 de agosto de 1978, cuando la muerte de sus impulsores dejó suspendido aquel sueño.
Más de cuatro décadas después, las construcciones siguen allí. Algunas estructuras se deterioraron, otras se transformaron y la vegetación avanzó sobre lo que alguna vez debió convertirse en un complejo turístico singular. Los visitantes actuales las descubren como una curiosidad y los vecinos más antiguos las recuerdan de otra manera. Algunos todavía las llaman “pagodas”; otros simplemente “las casitas”. Pero detrás de ese nombre sencillo existe una historia que ahora empieza a recuperarse con documentos, fotografías, testimonios familiares, publicaciones de arquitectura y trabajos académicos. Y quizás ese sea el verdadero comienzo de una nueva etapa: que las “Casitas Chinas” dejen de ser solamente una postal de abandono para convertirse, finalmente, en un capítulo reconocido de la historia turística y arquitectónica de Sierra de la Ventana.
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Sergio Marto
Director del Portal de Turismo y Cultura
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Excelente nota! Gracias por recordar y revalorizar estos rincones de la querida comarca!